lunes, 6 de octubre de 2008

Sin miedo en la tierra prometida

Nota publicada originalmente en el semanario Noticias Urbanas Nº 136 del día jueves 15 de mayo de 2008.

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS

Sin miedo en la tierra prometida

Si la inseguridad es uno de los latiguillos favoritos de los porteños, Puerto Madero es la única zona que cumple las reglas de la seguridad, a un cierto costo. Esta crónica no deja escapar ni al ojo "ciego" de la cámara digital.

Por Marcelo Maccio Villegas

Mauricio Macri sigue en pugna con el gobierno nacional para conseguir el traspaso de los fondos y poder crear una policía propia de la Ciudad. Entretanto, el resto de la Capital Federal, bajo jurisdicción correspondiente a la Policía Federal Argentina, continúa solicitando respuestas a la problemática que inquietó (e inquieta) a los porteños desde la última década: la seguridad.Pero es sabido que toda ley tiene su excepción, es la que hace la regla. Dentro del ejido porteño existe un barrio, Puerto Madero, que se erige como un país propio dentro de los límites de la Ciudad Autónoma. Ha crecido en todas las direcciones desde el traspaso de sus tierras a este distrito, en 1989 -durante la presidencia de Carlos Menem y con Carlos Grosso al frente de la intendencia de Buenos Aires- a la sociedad anónima Corporación Antiguo Puerto Madero, que comenzó a escriturar los terrenos por demanda de capitales privados. En Puerto Madero se encuentran, cenan, pasean y viven, entre miles de turistas que frecuentan el barrio, los miembros de la alta sociedad, sus empresarios, la cultura top, la farándula y los políticos, incluso el mismísimo ex Presidente Néstor Kirchner, quien desde diciembre último tiene oficinas con vista al río.

Puerto Madero tiene una fisonomía particular -con un espejo de agua que lo divide, desde sus construcciones de ladrillo a la vista en los diques, hasta el modo de vida de los lugareños-, siempre listos a tomar un cafecito o una cerveza "abajo" o hacer el clásico "after hour" después del trabajo. Son sólo cuatro las entradas que la comunican con el otro mundo, el que existe a partir de la Avenida Ingeniero Huergo (o Madero) al norte y los pasos que se alteran al compás de los veleros, lo que provoca demoras de hasta veinte minutos mientras giran los puentes. Cuenta con cerca de cien locales gastronómicos, nueve bancos, locales exclusivos de indumentaria de marcas líderes -una campera puede costar mas de 4 mil pesos y una bufanda casi 500-, inmobiliarias que presentan una oferta de cuatro mil pesos el metro cuadrado para los edificios en construcción (los últimos), y meses donde se obtiene un dato no menor: el delito cero.

En este sentido, no es indiferente que el barrio se encuentra bajo la vigilancia de la Prefectura Naval Argentina.La estadística, que no pasa inadvertida para Noticias Urbanas, hace que nazca la necesidad de saber cómo se logra crear una ciudad segura como soñó Rudolph Giuliani para Nueva York dentro de esta capital. Giuliani habló de "tolerancia cero" para respirar seguridad y tranquilidad. Quien hoy se puede arrogar algo similar es el jefe del Servicio de Seguridad de Puerto Madero, Raúl Germán Groh. Con él estuvimos.

El prefecto principal nos recibió en su oficina personal, ubicada en Macacha Güemes 150, y al tiempo que contesta las preguntas, no cesa su atención a los llamados de celulares y handys y a todo lo que sucede en la vía pública mediante el amplio ventanal que da a la calle. Por las arterias del barrio, a lo largo de un fin de semana, circulan entre 40 y 50 mil personas, algo más de 250 mil personas por mes. La Prefectura logró, con un esquema preventivo, la meta deseada por cualquier vigilador: delito cero.

Groh advierte que el promedio es de tres a cinco "hechos", a los cuales denomina "descuidismos", ya que son casos en que la persona olvida pertenencias por ejemplo, en el interior de un restaurante. Lo que llama la atención es que, en la vía pública, el delito siempre es cero.


LA SEGURIDAD

Puerto Madero está sectorizado. Las 170 hectáreas bajo jurisprudencia de Prefectura Naval -comprendidas entre la Avenida Ingeniero Huergo y su continuación, Eduardo Madero al este, Cecilia Grierson al norte, Paseo de los Italianos al oeste y Avenida Elvira Rawson de Dellepiane al sur-, están divididas en cuatro sectores, de acuerdo al este-oeste y diques 1-2 por un lado y 3-4 por el otro. En cada una de estas divisiones hay una persona responsable del sector y entre 40 y 50 prefectos, asimismo hay un encargado que comanda las acciones desde un centro común. En total, hay 40 hombres que conforman el personal superior y 500 subalternos, además de servicios particulares adicionales.

Groh define al Sistema Integral de Seguridad (SIS) como una "mesa" que tiene sus patas formadas por las comunicaciones horizontales en frecuencia baja, donde todo el personal se entera de lo que está pasando en la zona; las cámaras, entre 40 y 50 que van cambiando de ubicación dependiendo de la necesidad y que también pueden rotar hasta 360 grados, para hacer "el seguimiento de lo que puede llegar a ver el hombre en tierra"; y un sistema interno de comunicación en frecuencia alta, que se utiliza para asuntos de mayor importancia. El jefe de Seguridad de Puerto Madero explica que "todo es parte del sistema, pero lo más importante es cumplir con el código de procedimiento, y para eso resultan imprescindibles los recursos humanos"; y aclara que "si no se tienen buenos y abundantes recursos humanos, es difícil". Groh insiste, el SIS es "un conjunto donde todo está coordinado y en permanente movimiento, nada debe estar estanco dentro del sistema".


LA DIFERENCIA

Lo que distingue a Puerto Madero del resto de la Ciudad es la sensación de seguridad que tiene quien se encuentra allí. Y si de sensaciones se trata, Groh explica que lo que diferencia a la prefectura es la "sensación y actitud de pertenencia" que tienen los miembros de la fuerza. "Eso no se logra en la Universidad", observa, al tiempo que explica que en caso de necesidad de acudir a un prefecto, éste debe estar presente y atento, además de hacerse presente de forma inmediata, porque no se tolera que la persona tenga que buscarlo por espacio de tres cuadras. En ese sentido, se busca que el personal pertenezca y no que esté parado por el solo hecho de cumplir con las ocho horas de trabajo. Esto se logra, según explica, mediante la conducción, "la necesidad de llegar a la gente que está parada en la esquina y hacer que sienta que esa esquina le pertenece y que nada va a pasar mientras él este ahí", según sus propias palabras. Ante un eventual traspaso de los fondos de la Nación a la Ciudad para una Policía propia u otra fuerza de seguridad como la policía porteña, Groh indica como indispensable que esa fuerza tenga ese sentido de pertenencia, y resalta que "la Prefectura ya tiene 200 años de existencia".

Puerto Madero no está exento de uno de los problemas que aqueja a toda la Ciudad, el tránsito. La única estadística que no se reduce es la de las multas que se labran en jurisprudencia de la Prefectura, alrededor de 300 al mes. La mayor parte de las mismas son por giros en U o mal estacionamiento. Los accidentes no son de mayor relevancia: generalmente golpes leves.

Los meses de enero y febrero, cuando es mayor el movimiento en la zona de la Costanera Sur se advierte un aumento en el número de delitos, y tal como sucedió con el paso de la Antorcha Olímpica por la Ciudad, Prefectura entonces aposta una mayor cantidad de efectivos en la zona.

La empresa New Tech Security provee la logística de las cámaras y tiene instaladas, a pedido de empresas, restaurantes y edificios, una cantidad de dispositivos de video, a los que Prefectura puede acceder de forma indirecta. Por otro lado, la fuerza cuenta con un grupo de civiles que recorren a diario la zona y son quienes llevan a cabo los arrestos.Entre las quejas que reciben, las más comunes son por parte de personas que viven o frecuentan a diario el barrio y que a veces, debido "a que Prefectura no discrimina entre personas que son de Puerto Madero y las que no", se ven demoradas u obligadas a dejar el vehículo o moto, en caso de no cumplir con las normativas vigentes. Además, piden tolerancia, pero esta no figura en el código ni en la cabeza de este hombre que entiende que "las leyes están hechas para cumplirlas". Parece fácil, ¿no?

jueves, 19 de junio de 2008

La “tecnologización” del lenguaje

Trabajo hecho por una obligación académica, pero que quizás valga la pena leer. Saludos
M.a.r.c.e.l.o.
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CAMBIOS
La “tecnologización” del lenguaje

El paso del tiempo y el cambio en la cultura llevan aparejados cambios en las sociedades, que en la búsqueda de adaptarse a los nuevos tiempos recurren a las modificaciones en sus lenguajes, ya sean mediante la invención de nuevos conceptos o agregando connotaciones a los preexistentes. En este sentido se mostrarán las modificaciones sufridas en los signos lingüísticos a partir de la masificación de las computadoras e Internet en la sociedad.

Analizar en estos momentos la ‘tecnologización’ del lenguaje no tendría un porqué específico si no fuese porque una medición reciente realizada por el INDEC indicó, entre otras cosas, que crecieron un 16.4 por ciento los hogares con Internet, aumentando la cifra de computadoras con acceso a la web a más de 3 millones.

En este contexto surge la necesidad de hablar del lenguaje, la terminología y los cambios que se producen en la lengua, que, tal como señaló Ferdinand de Saussure, “la lengua no es más que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial. Es a la vez un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de esa facultad en los individuos”
[1]. La lengua es un sistema que existe por contrato de la gente para crearla, es de una dimensión social, se comparte, sostiene Saussure.

Asimismo Saussure afirma que el signo lingüístico es mutable e inmutable al mismo tiempo. Es inmutable debido a que no se puede cambiar ya que para ello se necesita justamente de un consenso social, asimismo la relación entre significante y significado es arbitraria. Por otra parte, la inmutabilidad es debido a que al hombre lo rige la ley del mínimo esfuerzo, lo cual lleva a no batallarse en cambiarlo; otro de los condicionantes a que el signo no sea mutable es que a cada persona esta conforme con el idioma que habla, por último, para cambiar el lenguaje es preciso conocerlo y éste, es demasiado complejo.

Por otra parte, el signo lingüístico es mutable por el tiempo y por la masa hablante. Además es alterable debido a las mismas cosas por las que es inmutable, es decir, por la arbitrariedad de la relación significado significante, pero principalmente por que el signo lingüístico es “hijo” de la cultura, por ende necesita ir nombrando cosas a su paso.

En este sentido, desde que la computadora e Internet se expandieron en toda la sociedad, y la mayoría de las personas tienen acceso a los nuevos avances de la informática por medio de procesadores en los hogares o mediante cibercafés, que se reproducen como los maxikioscos en la década de los 90’, el lenguaje ha sufrido un cambio.

Dicho cambio podría decirse que es obligado, en el sentido en que, la sociedad en general, pero específicamente los porteños, adoptaron como un elemento fundamental de sus vidas a la computadora, Internet y por ende las comunicaciones cibernéticas.

Incluso, dentro de ese nuevo mundo ‘tecnologizado’ y cibernauta, surgieron palabras o elementos como el e-mail, el fotolog, el blog, el facebook, los pen-drives, el videolog o términos como googlear, zipear, backapear, rooteando, mp3, chat, “subir” o “bajar”, estos dos últimos, en un sentido distinto del conocido.

Para comenzar a analizar alguna de las nuevas terminologías, es conveniente utilizar una explicación de Jorge Luis Borges en El lenguaje de Buenos Aires que afirma que “no hemos variado el sentido intrínseco de las palabras, pero si su connotación”
[2]. Esto es algo que está, al mismo tiempo, relacionado con lo que aseguraba Saussure al hablar de mutabilidad del signo. En este sentido, tal como se señaló, palabras como ‘subir’ o ‘bajar’ tienen una nueva connotación al ser utilizadas en Internet. Mientras que la Real Academia Española señala en ambos términos una relación de altura o posicionamiento respecto a un movimiento, en la web se utilizan los vocablos como la acción de integrar a la red nuevos archivos (subir) o descargarlos de ella (bajar).

Quizás la expresión que más llame la atención, y que ha atravesado más capas de la sociedad por su frecuente uso, sea “googlear”. Para entender esto es oportuno citar a José Edmundo Clemente en El lenguaje de Buenos Aires, quien indica: “Bien dice Ortega que toda palabra fue en su comienzo una metáfora”[3], agregando que “siempre la metáfora es arbitraria, por que pretende ser original”[4]. De acuerdo a ello, “googlear” proviene de la acción de utilizar el buscador de Internet llamado Google. Del uso del buscador, es que se le llama “googlear” a las operaciones de búsqueda de información, incluso independientemente del uso específico de dicho portal.

Claro que no todo se reduce a googlear algo o alguien, sino que el uso de nuevas herramientas de Internet, como lo es el Fotolog (un sitio donde cada cibernauta puede mostrar sus fotos o imágenes) o el Blog (sitio donde cada uno puede expresar sus ideas, además de “subir” videos, fotos, archivos, etc) o el simple hecho de chatear (utilizar el chat, un programa de mensajería instantánea de uso online) obligan a las personas a conocer su significado, ya que, tal como Clemente asegura: “El lenguaje […] tiene una finalidad social y común: intercomunicación”.

De acuerdo a las nuevas palabras que se generan mediante la inclusión de la tecnología en la vida social de las personas, o las nuevas acepciones que reciben otras, resultan acertadas las afirmaciones de Saussure sobre la mutabilidad del signo lingüístico. Algo que señalaba el lingüista es la relación del signo con la cultura de la sociedad, por ello, la aparición de las computadoras e Internet marca el cambio en la sociedad y en la cultura de la misma, lo que explica la relación del cambio del lenguaje y la inclusión de nuevos términos, al cambio en la cultura de determinada sociedad.


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[1] Saussure, Ferdinan de. Curso de Lingüística general. Buenos Aires, Losada. Pag 51
[2] Borges, Jorge Luis y Clemente, José Edmundo. El lenguaje de Buenos Aires. Buenos Aires, Emecé, 1998. Pag 26.
[3] Ibidem Pag 78.
[4] Ibidem Pag 100.

lunes, 26 de mayo de 2008

Un día como hoy...

Su mirada serena, escondía sus pensamientos. Su dulzura cotidiana, calmaba los nervios. Su frescura natural, relajaba los ánimos.
Yo inmutable, sin querer recordar sus palabras.
Distancia. Frialdad. Sequedad. Lejanía. Irreconocible. Silencios, silencio.
El saludo es timidez.
Aún la recuerdo, aún la quiero.

viernes, 23 de mayo de 2008

La Quiero

Los segundos inmoviles. El oceano quieto, su movimiento potencial. Todos los recuerdos y nada a la vez. El acercamiento, imperceptible. Velocidad y lentitud. Serenidad. Encuentro.
La Quiero.

lunes, 19 de mayo de 2008

Micro relato

El frío aire cortó el silencio. El instante fue eternidad. Juro que no sufrió. Bastó con un disparo certero. Frío y exacto. Juro que no sufrió. Mi hermana, orgullosa.

lunes, 28 de abril de 2008

La casa de Asterión -Jorge Luis Borges-


Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.