miércoles, 14 de julio de 2010

GUILLERMO BONETTO

"Estamos en una serena ebullición"

Si llega, la banda más convocante del reggae local estrenará disco este año. Además, su líder dice que "cada uno tiene que ser su Bob Marley" y que el género "está en un punto de quiebre".

Sube a los escenarios más variados en calidad de invitado, presta su voz en discos de diversos artistas y parece estar dispuesto a contestar todas las preguntas frente a un grabador sin importarle cuántas sean. Sin embargo, aclara: "Tengo buena onda cuando la gente tiene buena onda conmigo. Si estoy cansado, te lo digo". Y, entre risas, agrega: "No soy bueno todo el tiempo, cuando tengo que ser mala onda, soy re mala onda".

La persona detrás de las palabras es Guillermo Bonetto, cantante y líder de Los Cafres. Con una impronta simpática y divertida, gran tranquilidad al hablar y mucha predisposición, el frontman de la banda de reggae más convocante del país responde a cada una de las preguntas de Noticias Urbanas y anticipa: "Ya estamos componiendo y armando el disco de estudio que viene. Tenemos varios temas y entraremos a grabarlo este año. Si llegamos, también saldrá este año".

–¿Puede superarse a Bob Marley desde el lado creativo?
–No creo, porque hay techos en todo, y Bob Marley es el techo. Cada uno tiene su propio techo, sus metas y posibilidades. Lo mejor es apuntar a descubrir para qué es bueno uno y lo que cada uno puede aportar. Pero no debe importarle a uno lo que hacen los demás. Encontrando su lugar, cada uno tiene que ser su propio Bob Marley.

–¿En la actualidad el reggae es un estilo de vida o sólo un género musical?
–Para que te guste el reggae tenés que tener cierta frecuencia, de ahí puede venir el estilo de vida; pero a un montón de gente le gusta, a mucha gente le gusta más o menos y a muchos no les gusta. El punto de vista religioso depende de cada uno. El reggae en sí mismo tiene una religión e ideología que uno la capta o no. Después está el mensaje, que depende de quién hable o escriba. Pero es música, puede haber de todo: Beethoven, cumbia o tango, hay muchas cosas en la música, pero cuando está hecha al tope, siempre es buena. El reggae tiene condimentos en su origen y en la rebeldía, que junto a la forma en que balancea los instrumentos, genera una mística muy especial y guarda en sí mismo una especie de fuerza muy grande.

–Las bandas de rock que se animan a hacer temas de reggae son cada vez más, ¿cómo ves estas experiencias?
–El reggae es una música muy linda que hay que aprovechar, y cuanta más gente la toque, mejor va a ser. Lo que sí, se hablan muchas pavadas.

–¿Por ejemplo, cuáles?
–Las clasificaciones mismas son una pavada. La música es música y etiquetar es bueno para poder encontrar estilos, pero te limita. La música no se puede etiquetar. En un grupo o un cantante hay un montón de estilos y es mejor conocer por el nombre del artista que por una etiqueta. Hoy se vive todo con mucha velocidad y a veces las cosas importantes se pasan por alto.

–¿Cómo banda, esperaban tanto crecimiento como el que tuvieron y también tuvo el reggae?
–Sí, sí, pero tardó bastante. El momento ahora es gigante, pero probablemente no sea tan grande en un futuro.

–¿Creés que va a decrecer?
–Sí, hoy está en un punto de quiebre. Hacía falta el crecimiento, porque la Argentina era uno de los pocos países de America latina en el que el reggae no estaba fuerte. Había buenas bandas pero no suficiente público; había más bandas que público –dice y ríe–.

–Igual, desde hace algunos años los festivales y grandes recitales le dedican una fecha o escenario especial al género.
–Cuando sucedió eso es que empezó a establecerse el reggae, fue la época en que se fue ampliando.

–¿En qué momento están Los Cafres ahora?
–En una serena ebullición… –piensa unos segundos y continúa– en una serena euforia, por que tenemos cierta experiencia para ciertas cosas y mucha inocencia e ignorancia para muchas otras. Tenemos un balance bastante interesante que nos da fuerza, ímpetu e impulso para los nuevos caminos y tenemos experiencia para ser cautelosos y saber en qué momentos arriesgarnos, pero a la vez tenemos bastante inocencia, que es lo que nos ayuda a ponernos metas arriesgadas y jugarnos a esas cosas.

–¿Qué meta u objetivo les falta cumplir como banda?
–No pensamos en eso, nunca comentamos ese tipo de cosas. Yo tengo metas o sueños, pero es muy relativo. Como meta nos planteamos poder seguir tocando y tener la oportunidad de seguir existiendo. Queremos aprovechar el hoy, que es lo que hace que el futuro pueda estar bueno. Cómo se viva el hoy permite proyectar algo potable para el futuro.

–¿Es posible explicar la forma en que se compone?
–Hay muchas formas conocidas y muchas por descubrir. Uno puede trabajar cosas nuevas o agarrar viejas y renovarlas, dejarlas como están o reemplazarlas. Durante toda la vida uno va haciendo cosas nuevas, frases. Eso va variando, hay temas que salen improvisados en la sala, que llegan con bocetos livianos, pero siempre surgen cosas nuevas, fórmulas o métodos, cosas para decir. Hay mucho por hacer y eso es lo bueno, que estamos vivos y con mucho por escribir.

–Siempre se asocia al género con los mensajes de paz, amor, el hippismo y el rastafarismo, ¿está bien eso?
–Hay que escuchar reggae para saber de qué habla. A veces habla de guerra y muerte, de cosas que no hay que olvidar, como las traiciones. Babilonia como metáfora del tema de los poderes y diferencia de ricos y no ricos. Y el rastafarismo está bien relacionado porque le dio fuerza al reggae; el mensaje contundente de libertad y unidad en diferencia a ser esclavos, negros, Tercer Mundo, estar obligados y olvidados, la herencia de la esclavitud y las injusticias. Eso es un mensaje fuerte, no light. Y a pesar de eso, habla del amor como una fuerza renovadora de las cosas. Hablar de libertad es importante pero en el sentido real de la palabra: que uno es libre. Lo que falta es darse cuenta de ello.

jueves, 8 de julio de 2010

EDU SCHMIDT


"Soy una ideología de izquierda en un país facho"


Llegó a acaparar todas las cámaras, tocar en el Luna Park, llenar dos Obras consecutivos grabando un DVD y, en la cresta de la ola, se bajó. Arrancó de nuevo. Barajó y volvió a repartir. Hoy el presente le da la razón.


Los filósofos empiristas afirman que el hombre llega al mundo como un papel en blanco y todos sus conocimientos van adquiriéndose desde la experiencia de los sentidos. Sobre Edu Schmidt, ex frontman de Árbol, sus experiencias han escrito mucho. Su carrera dio un giro de 180 grados cuando decidió abrirse de la banda que él había fundado y comenzar un camino solista; para ello, arrancó de cero. Volvió a las raíces. Al under. Hace meses lanzó su primer disco, El silencio es salud, producido por su sello Apio Verde y distribuido por EMI. Café mediante, se apostó a responder todo y más, sin rodeos.

–Grabaste el disco pero hasta que salió a la calle pasó un tiempo, ¿qué sensación te dejó eso?
–Rara, por un lado la adrenalina de grabar y sacarlo se diluyó, pero antes de lanzarlo evaluamos todo: hacerlo todo independiente y perdernos exposición o esperar.


–¿Es mejor firmar con la discográfica después de grabar el material para evitar “sugerencias”?
–A mí nunca me impusieron nada en una discográfica, pero siempre fui con todo resuelto. Si el artista no tiene todo cerrado le dan una mano y aconsejan. El mito de que te dicen “cortate el pelo” no me pasó, quizás porque no tengo pelo.

–¿Qué aporta EMI que vos no lograbas de forma independiente?

–La distribución es mucho más grande. La fabricación. Hay bandas que graban y no fabrican los discos y lo terminan colgando en internet. El soporte cuesta, igual que el marketing, que no se resuelve con poco.


–¿De qué manera surgieron las letras del disco?
–De distinta forma. Lo que hice fue tomarme mucho tiempo, para una letra hubo siete páginas escritas antes. Algunas surgen en situaciones personales, otras leyendo o mirando una peli. En relación a las de Árbol, éstas son muy interiores.


–En varias letras se nota una enumeración.
–Hay una fórmula aditiva, la usan Borges y Bukowski. Sobre una situación se anotan un montón de imágenes que surgen. Siempre alguna de esas cosas pasó. En el caso de “El mosquito sin luz”, por ejemplo, es un vacío afectivo, la vivimos todos cada vez más.


–En “Tu mundo feliz” preguntás “si pudieras elegir, ¿qué cosas harías?”. ¿Qué respondés vos a eso?
–Estar más tranquilo. Una idea recurrente es la necesidad de bajar dos cambios y disfrutar más las cosas desde un lugar más sensible que mental. Muchas preguntas que te mantienen vivo te pueden volver loco. Tranquilo, pero sin dejar de cuestionarse cosas. “Tu mundo feliz” es una idea que tuve hace muchos años: hacer una canción sólo con preguntas, ir en contra de la cosa grandilocuente de quienes tiran postas, porque el artista tiene que hacer todo lo contrario, insinuar cosas que despierten algo en el otro.

–¿Ya te acostumbraste a que el nuevo proyecto lleve tu nombre?

–Es raro y me llevó mucho tiempo. Si bien es una banda, son mis canciones y hago todo yo. Compartimos ensayos y el vivo, pero hay laburos que hago yo solo. Creo en los grupos como lugares de intercambio y generación de ideas, pero acá decido mucho yo.

–¿Te molestan las comparaciones con Árbol?

–Son inevitables. Yo escuché sus discos al igual que en internet mirás a una ex novia. Los sigo queriendo y extraño muchas cosas de ellos. Fue mi grupo, lo hice durante 13 años. En El silencio es salud hubo una cosa adrede porque busqué decir las cosas como en el disco Chapusongs, que es lo que yo más extrañaba. El próximo disco no va a estar tan emparentado a ése, pero sí hubo una búsqueda por ese lado, Chapusongs era a donde tenía que volver para retomar.


–Hablando de Chapusongs, en “Son todas putas”, tema de ese disco, había una frase que volviste a usar.

–Esa frase quedó en un tema que era como un chiste y quedaba perdida. Acá la resignifiqué y queda como que no puedo dejar de ir en contra de la corriente. Agarrar una frase de Chapusongs, citarme y reinventarme tiene que ver con esto de volver a nacer pero seguir siendo el que soy. Reinventé muchas cosas, como el gato que ladra, que era yo: en una orquesta soy un rockero, en un grupo de rock soy clásico, soy una ideología de izquierda en un país facho.


–¿Es obligatorio dar mensajes en las canciones?

–No es imprescindible. La cosa social te atraviesa por más que hables de amor. Somos ideológicos hasta cuando nos abstenemos. El compromiso que tomo con mi carrera es político, de izquierda, por más que hable de las nubes.

–Capusotto dijo que el rock hoy es una salida laboral, ¿Qué opinas vos?

–Yo peleé mucho para que el músico de rock pudiera vivir de su música; el rockero por lo general labura de otra cosa. Yo enseñé muchos años y es algo muy digno, pero eso es docencia. En un acto una directora no me dejó hacer un tema de León Gieco porque era de izquierda. Para no pelear con esa burocracia retrógrada me puse a pelear por los derechos del músico.

–¿Qué es lo depara el futuro del proyecto?

–Estoy componiendo mucho para llegar a fin de año con 10 o 12 canciones y grabarlas el año que viene. También hay proyectos de música para películas, tocar, producir algo.

–¿Te sentís cómodo con tu actualidad?
–Sí. Había una comodidad económica que ahora no tengo. Eso era parte del riesgo, pero disfruto mucho más todo lo otro.